Reumatismo y Artritis - Artritis reumatoide: articulaciones inflamadas (2).
Guía de Autoayuda para Vivir con Artritis
- informacion
Artritis reumatoide: articulaciones inflamadas (2).
Por Dr. Juan Manuel Miranda Limón, el 30 de Mayo de 2009 a las 17:21hrs

Muchas personas con artritis notan problemas en su cuerpo en otros sitios aparte de las articulaciones. Generalmente hay molestias más generalizadas, tales como dolores musculares, sensación de rigidez (principalmente en las mañanas), fatiga y un poco de fiebre. En ocasiones, la enfermedad puede atacar otras partes del cuerpo, por ejemplo los ojos, los nervios o los pulmones, aunque en general estas alteraciones son leves. La anemia es frecuente y puede ser una manifestación de la misma enfermedad; en general no es importante y no requiere de un manejo especial, sino que mejora en tanto se controle la misma artritis. No es raro que el paciente se queje de resequedad de los ojos (falta de lágrimas) y de la boca (falta de saliva), lo cual se debe a inflamación de las glándulas lagrimales y de las glándulas salivales, debido a la enfermedad reumatoide.

La artritis reumatoide es una enfermedad que varía mucho de paciente a paciente, por lo que el médico debe individualizar el análisis de cada caso. Afortunadamente, contamos ahora con medicamentos que son capaces de detener el curso negativo de la enfermedad, pero el tratamiento no puede ser exactamente el mismo para todas las personas: lo que puede servirle a una puede no ser útil para otra, o incluso puede hacerle daño. De ahí la indicación de evitar tomar medicamentos sólo porque un familiar o amigo los recomienda.


¿Qué puede pasar con la enfermedad?.
La mayoría de la gente piensa en artritis reumatoide cuando escucha la palabra “artritis”, y la idea que viene a la mente es la de personas con incapacidad para moverse, en silla de ruedas, y con deformaciones en las manos. En realidad, muchos de los pacientes que se ven en estas condiciones padecen esta enfermedad. La artritis reumatoide es una enfermedad que puede ser destructiva: inflama las articulaciones, altera los tendones y ligamentos, que se pueden romper, y produce erosiones en el cartílago y el hueso. Sin embargo, la mayoría de los pacientes evolucionan de mucho mejor manera y no tienen estas complicaciones. Con un buen tratamiento, administrado desde que se establece el diagnóstico, se evitan muchas de las complicaciones de la enfermedad.

La destrucción de los huesos y articulaciones, que se puede presentar en los primeros años de la enfermedad, puede persistir a lo largo de los años, a pesar de que, con el paso del tiempo, la inflamación de las articulaciones tiende a disminuir y la enfermedad se vuelve menos agresiva. Por eso es importante actuar rápidamente con tratamientos adecuados desde el principio. En las primeras etapas hay algunos datos que ayudan a establecer si una persona tiene mal pronóstico (“le puede ir mal”), tales como el número de articulaciones inflamadas y la dificultad para realizar las actividades cotidianas. También hay algunos datos de laboratorio que pueden indicar que la enfermedad puede ser agresiva, como la cantidad de factor reumatoide y la velocidad de sedimentación globular. Establecer el pronóstico es importante para evitar la progresión de la enfermedad, ya que una persona con mal pronóstico podrá recibir tratamientos más fuertes que otra persona con la misma enfermedad, pero con un mejor pronóstico. Es erróneo el concepto de que, si se le diagnostica artritis reumatoide a una persona, necesariamente se va a incapacitar o deformar en el futuro. Esto se puede evitar y, de hecho, la mayoría lleva una vida cercana a lo normal.


¿Qué puede pasar con la enfermedad?.
No hay un tratamiento que sea útil para todos los pacientes, ya que la mejoría o las reacciones tóxicas con determinado tratamiento dependen de cada organismo. Por esto, los programas de tratamiento pueden parecer confusos. En esta sección daremos los lineamientos generales de tratamiento, pero es necesario que cada paciente analice con su médico las mejores opciones de tratamiento. Particularmente en artritis reumatoide se requiere que exista retroalimentación con el médico; el especialista es quien tiene los conocimientos para identificar si la enfermedad está progresando, pero es el paciente quien le indica, por ejemplo, si hay dolor o rigidez, que son datos subjetivos y por tanto no se pueden medir con detalle. Solamente el paciente podrá indicar si está sintiendo algún efecto tóxico por el tratamiento. Es importante enfatizar que el especialista que debe estar a cargo de un paciente con artritis reumatoide es el reumatólogo, y que es crítico que atienda al paciente desde las primeras etapas de la enfermedad, que es cuando más se puede hacer par evitar que dañe a las articulaciones. Sólo los reumatólogos están familiarizados con los más recientes y efectivos tratamientos para la artritis reumatoide.

Hay que considerar que usted vivirá con artritis reumatoide, con altas y bajas, durante años. Los mejores tratamientos, por tanto, serán los que ayuden a que tenga una vida lo más cercano posible a lo normal y por el mayor tiempo posible. Con frecuencia los medicamentos que ofrecen una rápida mejoría contienen “cortisona” (el nombre comercial o de la sustancia puede ser diferente-prednisona, betametasona, triamcinolona-, pero utilizamos la palabra cortisona porque la mayoría de las personas identifican este nombre). A pesar de la mejoría inicial, estos medicamentos no detienen la progresión de la enfermedad y a la larga los efectos secundarios harán que se sienta usted peor. Es necesario ser pacientes con los esquemas de tratamiento, ya que los medicamentos que realmente ayudan a detener la enfermedad tardan en actuar. La artritis reumatoide es una enfermedad de larga evolución, de modo que hay que pensar también a largo plazo con los tratamientos. Es una tarea psicológica difícil, pero es la mejor manera de afrontar este padecimiento.

La inflamación articular, o sinovitis, es el principal problema. La inflamación de la membrana sinovial produce enzimas y citocinas que paulatinamente dañan a la articulación. El tratamiento adecuado no sólo disminuye la inflamación, sino que también evita la progresión del daño. Los analgésicos pueden brindar alivio del dolor pero no evitan que la enfermedad avance. Por tanto, en artritis reumatoide el dolor debe combatirse tratando la inflamación que es la causa del dolor. Debe tenerse especial cuidado con los analgésicos que contienen narcóticos.

Es difícil encontrar un balance apropiado entre reposo y ejercicio. El reposo reduce la inflamación y eso es bueno. Pero el reposo también ocasiona que las articulaciones estén rígidas y que los músculos se debiliten. Con demasiado reposo, los tendones se debilitan y los huesos se reblandecen. Lógicamente esto no es bueno para las articulaciones. Por tanto, la moderación es el principio básico, aunque no fácil de entender. En general es conveniente hacerle caso al cuerpo. Si un ejercicio duele demasiado, no lo haga. Si una actividad no parece ocasionarle mayor problema, continúe. Una regla general nos indica que si usted tiene dolor 2 horas después de haber terminado el ejercicio, probablemente esté haciendo demasiado.

Las articulaciones que están muy inflamadas pueden necesitar de una férula para descansar. Dependiendo de la evolución de la enfermedad, podrá requerir ejercitar la articulación con estiramientos ligeros para evitar la rigidez, podrá no utilizar demasiado tiempo la férula, sino sólo en la noche. Conforme las articulaciones mejoran podrá lentamente hacer más actividades físicas. En general, es conveniente promover las actividades que favorecen el tono muscular, más que el crecimiento de los grupos musculares. La caminata y la natación son mejores que el uso de aparatos o que levantar pesas. También, es preferible hacer ejercicio moderado diariamente, que hacerlo ocasionalmente con mayor intensidad, ya que esto presiona a articulaciones que no están preparadas para esa actividad.

Los terapistas físicos u ocupacionales pueden ayudarle con su programa de ejercicios y con consejos útiles para el empleo de férulas. Sin embargo, no espere que el terapista haga por usted la actividad física. Ellos le indicarán cuál es el programa de ejercicios para realizar en su domicilio en forma cotidiana. Será responsabilidad de usted hacer los ejercicios regularmente con objeto de fortalecer y proteger sus articulaciones, de esta manera se evitarán posibles complicaciones futuras.

Los medicamentos se necesitan para prácticamente todos los pacientes con artritis reumatoide, y con frecuencia deberán tomarlos durante años. Se utilizan los analgésicos y los antiinflamatorios no esteroides para el manejo de las molestias que ocasiona la enfermedad. Otro grupo de medicamentos necesarios son los llamados inductores de remisión (o medicamentos anti-reumáticos modificadores de la enfermedad). Estos son fármacos que no actúan directamente en los síntomas sino en las sustancias que ocasionan la inflamación y el daño a las articulaciones. Se utilizan la hidroxicloroquina, la sulfasalazina, la azatioprina, la minociclina, el metotrexato, la leflunomida, la ciclosporina y los agentes biológicos. Es importante iniciar el tratamiento en las primeras etapas de la enfermedad para evitar que se desarrolle el daño a las articulaciones. Prácticamente todos los pacientes con artritis reumatoide deberán tomar un inductor de remisión, o una combinación de ellos, prácticamente todo el tiempo. Más adelante analizaremos estos productos.

Los corticoesteroides, más frecuentemente la prednisona, son agentes hormonales muy potentes, pero con muchos efectos secundarios a largo plazo. Existe mucha controversia en relación con su empleo. Algunos médicos indican que nunca se deben utilizar, en tanto que otros indican que pueden resultar de gran utilidad a dosis bajas. En todo caso, no deben utilizarse si no es por prescripción del reumatólogo y con vigilancia periódica.

La cirugía en ocasiones puede restaurar la función de una articulación muy lastimada. Existen diversos procedimientos que analizaremos en otro capítulo.

Pregunte Cualquier Duda al Experto
-
Nombre*:
E-Mail*:
Pais:
Pregunta*:
*Campos Obligatorios
Su pregunta será enviada al Dr. Juan Manuel Miranda Limón, especialista en reumatología y será contestada lo antes posible; usted podrá consultar su respuesta en la sección "Preguntas de Pacientes". Si escribe su dirección de correo electrónico correctamente se enviara un mensaje cuando la pregunta haya sido respondida.